05 julio 2017

HAY QUE ACEPTAR A DIOS-VERDAD Y SEGUIR. COMBATE FINAL. TINIEBLAS, DESOLACIÓN



HAY QUE ACEPTAR A DIOS-VERDAD Y SEGUIR. COMBATE FINAL. TINIEBLAS, DESOLACIÓN


1.-


 Hay que orar para vencerse a sí mismo y no para vencer a Dios.

 Hay que orar para que Dios consiga en nosotros lo que quiere y no nosotros lo que queremos de Él.

 Hay que orar para que Dios consiga de nosotros lo que quiere y no nosotros lo que queremos de Él.

 Hay que orar para vencerse a sí mismo.

 Hay que orar para poder lograr realizar el sacrificio que de nosotros quiere.

 Hay que orar para aceptar a Dios.

 Hay que orar para vencer a los enemigos espirituales.

 Hay que orar para sacrificar la propia voluntad donde Dios quiere.

 Hay que orar para sacrificar la propia voluntad cuando Dios quiere.



2.-


 Considerar que no vamos a vencer a Dios, tampoco a otros.

 Primero debemos vencernos a nosotros mismos y en esta batalla vencemos a los enemigos espirituales que siempre buscan que nos rebelemos contra Dios, que nos opongamos a su Voluntad.

 No viene El Señor para ayudarnos a vencer a otros, mucho menos para que venzamos la Voluntad del Padre.

 Viene para que nos venzamos a nosotros mismos y de esta manera venzamos a los enemigos espirituales que quieren hacer que reneguemos de Dios, que buscan imponernos que nos opongamos a su Voluntad creyendo que eso es bueno, justo, necesario, debido, urgente, inevitable.


3.-


 El enemigo busca desalentarnos, apartarnos, cansarnos, agobiarnos, etc.

 Todo lo va a intentar para que no lleguemos a la oración, y si no obstante perseveramos, va a intentar todo para imponer que nos apartemos o que terminemos desviándonos.

 Comprender que hay que orar, es la vida, la salvación depende de ello. Pero también hay que aprender a orar, debemos orar para vencernos a nosotros mismos, a los enemigos que instigan, fomentan, potencian la rebeldía contra la Voluntad de Dios.

 Considerar que quiere minar la confianza, critica, cuestiona, habla mal de Dios sugiriendo pensamientos e inspirando la fuerza de la furia ante situaciones dolorosas, abominables, injustas.


4.-


 Hay que aceptar la Voluntad de Dios donde se presenta, y siempre es donde mas duele, humilla y donde se vuelve todo abominable, infernalmente insoportable.

 Dios no se presenta como un dulce, siempre es cáliz amargo, copa de ajenjo, parece veneno, es insufrible, nunca viene sin una cruz.

 Sin embargo, eso insufrible y abominable que destruye al alma y la aniquila, es remedio.

 Parece castigo y es insufrible, pero es el remedio que evita la perdición eterna siempre que sea aprovechado.

 Aprovechar es soportar eso insufrible, disociarse del dolor, ignorarlo. Es simplemente aceptar lo irremediable y abominable.

 Ahí hay que dejar de renegar, no hay que mirar mas lo que no podemos cambiar y que nos hace padecer como en el infierno acá en la tierra.

 Eso sirve como remedio y para purgar el orgullo, vencerse a sí mismo, derrotar a los enemigos espirituales que en ese aspecto esperan lograr su victoria, es decir, inducirnos a la rebeldía contra la Voluntad de Dios, buscan imponernos que rechacemos a Dios.


5.-


 Una vez mas, Dios no se presenta como algo bueno, dulce, agradable, siempre resulta repugnante al alma llena de orgullo, temerosa por sí, apegada así, acostumbrada a arrastrarse en el fango y dada a revolcarse en el chiquero con y como demonios.

 La venida del Señor, como de costumbre, nada tiene que ver con lo que comúnmente se cree y espera.

 Esto sucedió siempre a lo largo de la historia, siempre las personas han esperado una cosa y Dios dio otra, siempre han buscado una cosa y Dios habla completamente de otra cosa.

 Y ahí esta la prueba, ahí es donde cada uno tiene que aceptar el infierno que le toca, decepcionarse, desilusionarse, aprender a padecer, aprender a pasar por esta tierra como en el infierno y seguir teniendo fe.

 Ahí es donde deben las personas aceptar a Dios, cuando comprenden que Él tiene sus planes, objetivos, manera de hacer y que solo han esperado en vano forjando ilusiones y sembrando futuras y amargas frustraciones.


6.-


 Hay que aceptar a Dios ahí, donde se revela, como se da-dona-ofrece, no tiene porqué hacerlo y sin embargo lo hace, podría no hacerlo y dejarnos eternamente en tinieblas.

 Hay que aceptar lo que es su Voluntad, aguantarse y seguir adelante, porque Él Es Dios y eso es lo que en esencia hay que aceptar, Él Es Dios, sacrificando-purgando la mentira de que cada uno es su propio dios y señor.

 Él Es Dios es la Verdad y esto lo aceptamos cuando aceptamos lo que a diario nos toca padecer irremediablemente ante la aparente indiferencia de Dios.


7.-


 En definitiva, hay que colaborar en que Dios consiga lo que quiere en y de nosotros, en y de otros, en y del mundo.

 Y esto es siempre en contra de la voluntad propia, con sufrimiento, porque así se hace sacrificio de sí mismo y de esta manera se vencen los enemigos espirituales.

 Así es como se salva el alma propia y de esta manera se colabora en la salvación de otras almas.

 Simplemente hay que dar gracias que no es peor y cargando lo que nos ha tocado padecer, debemos seguir adelante como si nada ocurriera, aunque el alma esté muerta, consumida, demolida y sea castigada y perseguida.

 Considerar que la amarga y abominable desolación que nos atormenta en la que los demonios tienen poder absoluto, no cesa sino hasta que hemos rendido la propia voluntad entregándonos por completo a la Voluntad de Dios.


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