15 junio 2017

SIETE PALABRAS DEL ESPÍRITU SANTO (VI), tercera Palabra



SIETE PALABRAS DEL ESPÍRITU SANTO (VI), tercera Palabra


SIETE PALABRAS DEL ESPÍRITU SANTO (VI):


3.- “Siempre Él”


 Hay que dejar de lamentarse, de tenerse lástima-pena-enfermiza e infernal autocompasión.

 Hay que rendirse ante lo inevitable y dar gracias a Dios porque no es peor.

 No hay otro camino, no hay otra vida, es así por mas repugnante, abominable e infernal que resulte, tal es la verdadera misericordia de Dios, aquella en la que nos revela Verdad no permitiendo que nos engañemos y deliremos con que somos dioses o siquiera dignos de algo.

 Sabemos que la humillación, el infierno y el padecimiento son mas convenientes que pasarla bien en este mundo de tinieblas, y esto es porque, en la comodidad solo florecen vicios, mientras que en el dolor inevitable e infernal, sirve como purificación, sacrificio, medio de maduración y crecimiento espiritual.

 Conociendo que la vida en este mundo es así, debemos dejar de hundirnos en el abismo. Tenemos que dejar de lamentarnos por nosotros mismos, hay que dejar de tenerse lástima-autocompasión enfermiza e infernal.

 Al hundirnos en el abismo del ego es que surgen tales sentimientos.

 Verdaderamente, estamos lamentándonos por nosotros mismos, tenemos lástima, somos débiles pusilánimes que se arrastran sobre la faz de la tierra como larvas de demonios.

 Es hora de entender que no vamos a obtener lo que queremos, no vamos a conseguir lo que nuestra voluntad desea, solo vamos a poder soportar el infierno que nos toca.

 Y ya que es irremediable padecer, debemos usarlo como medio de purificación, crecimiento espiritual, etc., lo tenemos que usar para negarnos a nosotros mismos, sacrificarnos, humillarnos, aceptar a Dios en el dolor que permite tales cosas.

 Debemos alegrarnos porque Dios consigue lo que quiere y dejar de lamentarnos porque no conseguimos nosotros lo que queremos.

 Comprender que eso es lo que conviene, Dios sabe, nosotros no, solo somos inmaduros que se auto compadecen, se tienen lástima y se lamentan por la derrota de la propia voluntad.

 Acá Dios envía su Espíritu de Paz, el alma debe recibirlo y generar un Espíritu de Deber.

 La tercera palabra del Espíritu Santo llega para aniquilar el orgullo, purificar al alma y liberarla, para constituirse en su Bien-Tesoro, en lo que la anima-fortalece, por ello es que el alma debe repetirse constantemente “Siempre Él”.


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