15 junio 2017

SIETE PALABRAS DEL ESPÍRITU SANTO (VI), primera Palabra



SIETE PALABRAS DEL ESPÍRITU SANTO (VI), primera Palabra


SIETE PALABRAS DEL ESPÍRITU SANTO (VI):

1.- “Él Es Dios”


 Si aman a los que los aman, ¿Qué mérito tienen?, dijo El Señor.

 Por ello es que nos pide heroísmo, esfuerzo, sacrificio.

 Nos pide amarlo a Él por sobre todo, todos, y especialmente por sobre sí mismo.

 Nos pide amar a los enemigos que es lo mas repulsivo, abominable, difícil, lo que al alma resulta repugnante.

 Así es como rompemos límites, crecemos, maduramos, progresamos.

 De esta manera es como generamos verdadero amor, y es así como provocamos cambios.

 Todo se hallaba estanco, ahora todo esta putrefacto, en avanzado estado de descomposición, el único remedio es revertir la abominable situación espiritual que es lo que determina la realidad terrenal.

 Falta lo esencial, el verdadero amor a Dios, luego, falta todo.

 La miseria espiritual determina la perversidad, corrupción abominación terrenal que padecemos.

 Llegó la hora del esfuerzo-heroísmo-sacrificio, hay que amar a Dios verdaderamente, como corresponde, en perfecta y total negación de sí, realizando un real sacrificio espiritual que nos devuelva a la comunión con Él.

 Amar a Dios significa aceptar su Voluntad, aquello que ha querido, y lo que ha permitido no queriéndolo.

 Debemos beber la copa de ajenjo, el cáliz amargo, hay que pasar por el infierno de la purificación en la que podemos crecer-madurar espiritualmente.

 Es hora de comenzar a obrar por y para Nuestro Verdadero y Eterno Bien, es decir, es le tiempo para volver a Dios, es el momento para abandonar la egolatría narcisista que genera un círculo perverso autodestructivo.

 Considerar que el que no ama a Dios, se hunde-pierde en sí, se abisma en su ego y ahí padece miedo, sufre debilidad y se auto justifica en un camino de perversión, corrupción, miseria, desamor, de orgullo ciego y delirante.

 Incluso quienes dicen y creen amar a Dios son miserables, se hallan centrados en sí y permanecen fuera de la realidad. Se contentan con cumplir algún ritual o práctica, dar alguna limosna, pero no aman verdaderamente a Dios.

 Amar mas allá de lo debido, es amor. Amar mas allá del interés y beneficio propio, es amor. Amar contribuyendo al bien, bienestar, felicidad de quien se ama, es amar en verdad. La felicidad-provecho propio, surge al hacer feliz a quien se ama.

 Y ya es hora de comenzar por el principio, por el orden debido y mas simple y lógico, hay que amar a Dios.

 Amar a Dios es aceptarlo, es aceptar su Voluntad y colaborar en Que Se Haga-Reine-Triunfe sacrificando la voluntad propia.

 No amar a Dios es miseria, produce el desplome del alma en sí misma, la vuelve ególatra narcisista temerosa por sí, sumida en el miedo, la ahoga en preocupaciones inútiles, la arrastra a angustias, obsesiones y desesperaciones.

 Almas miserables, que se incapacitan a sí mismas voluntariamente al no querer amar a Dios, no solo son perjudiciales para sí, sino que lo son para terceros.

 Desgraciadamente, las peores almas, las mas oscuras y perversas, las mas hundidas-perdidas en el abismo de su ego, son las que tienen poder en el mundo, son las que se vuelven cómplices de satanás y acarrean la perdición de la creación.

 Tanta perversidad, oscuridad, corrupción, abominación interior y personal, sumada a lo general, determina el mundo abominable de oscuras y perversas tinieblas en el que nos encontramos padeciendo el embate de los demonios que se hallan totalmente liberados e impunes pueden hacer lo que quieren.

 Verdaderamente, es ahora o nunca, si las almas no recapacitan, si no reaccionan ante los golpes-llamados de la realidad, no despertarán nunca, no reaccionarán y pasarán al infierno al ser cómplices-responsables por indiferencia y comodidad.

 Acá Dios envía su Espíritu de Verdad, el alma debe recibirlo y generar un Espíritu de Determinación.

 La primera palabra del Espíritu Santo llega para aniquilar el orgullo, purificar al alma y liberarla, para constituirse en su Bien-Tesoro, en lo que la anima-fortalece, por ello es que el alma debe repetirse constantemente “Él Es Dios”.


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