09 febrero 2017

TENEMOS EL AMOR QUE DAMOS



TENEMOS EL AMOR QUE DAMOS


1.-

 Cada uno se halla encerrado-perdido en sus propios límites, los de su miedo-miseria, tras el cerco de la enfermiza e infernal preocupación por sí.

 Desde ahí solo miramos en derredor viendo a todos como enemigos, adversarios, contrarios, rivales a los que vencer y someter, y de los que prevenirse-defenderse.

 Los otros están condenados ab initio, por el mero hecho de existir o estar cerca, y eso es miedo, preocupación por sí enfermiza, histérica, obsesiva, desesperante, irracional.

 El miedo domina-impera-reina, determina la voluntad, lo que hacemos y dejamos de hacer.

 Conformándolo le damos poder y así es como terminamos perdidos-abismados en la miseria descomponiéndonos a imagen y semejanza de demonios.


2.-


 Encerrados en el abismo del ego pretendemos ser adorados, amados, conformados, alzamos una imagen falsa de nosotros y queremos que sea reconocida y obedecida, servida y aceptada.

 Ese es el anticristo personal, una montaña de orgullo, columna de humo, emanaciones de tinieblas, oscuridad y muerte, de olvido y negación de Dios, de apego y esclavitud a la mentira.

 Eso sirve por un tiempo, pero siempre se derrumba y/o es demolido por la realidad que golpea.
 Nuestra fingida y pretendida perfección y autosuficiencia se derrumba y caemos en la miseria solo para preocuparnos mas.


3.-


 Ahí es donde debemos volver a Dios, admitir que solos no podemos y que necesitamos de Él.

 Necesitamos de Él, no para que nos haga caso, conforme y sirva, sino para volver al orden, para aprender a vivir, para vencer el miedo y dejar de ser esos cerdos ególatras miserables que deliran de orgullo mientras que solo y siempre se preocupan por sí mismos.

 Error común es perseguir a Dios en vez de seguirlo. Dios no nos tiene que obedecer, somos nosotros los que debemos obedecerlo a Él, simplemente porque Él Es Dios.

 Tenemos que discernir su Voluntad y obedecerlo, aceptar lo que quiere y lo que no quiere pero permite. Hay que vivir en la Verdad-Vida-Dios.


4.-


 Ahí se laza el adversario, satanás, ofrece la fuerza de la furia para recuperar el domino-control que tenía sobre el alma.

 Convence al alma de que tenía razón al dudar y temer, la confirma en el miedo, en la preocupación por sí.

 Como remedio le da fuerza de odio, desprecio y maldad, le enseña a odiar-culpar-responsabilizar a otros por sus desgracias.

 Así es como las personas andan sobre la faz de la tierra presumiendo de su perfección plenamente convencidas que la maldad esta en otros y que la culpa de todos sus males es siempre ajena.

 De esta manera es como las personas permanecen en la mentira, se arrastran presuntuosas ostentando su orgullosa mentira pretendiendo demostrar que solas se bastan y queriendo creer y hacer creer que la culpa de los males siempre es ajena.


5.-


 Es hora de recapacitar, aceptar la Verdad, volver a la realidad.

 Cada uno debe asumir su responsabilidad, reconocer sus errores, ver su perversidad y dejar de emperrarse-empecinarse en acusar, culpar y responsabilizar a otros por sus males.

 Los males nos los causamos al prescindir de Dios, al pretender vivir por y para nuestro ego, al ser miserables ególatras narcisistas infernales emperrados en hacerse adorar, servir, ver, aceptar, reconocer, etc.

 Debemos ver lo que hizo El Señor, Él nos perdonó, nos amó cuando menos lo amábamos.

 Así debemos perdonar a Dios, a nosotros mismos, a los que nos aman y a los que no nos aman. Hay que soltar, perdonar, olvidar, liberar y comenzar de nuevo.


6.-


 Considerar que, para librarse del miedo que nos domina-somete-esclaviza, tenemos que hacer el esfuerzo por volver a Dios.

 Hay que perdonar a Dios, aceptarlo, recibirlo y entregarse a Él, permitirle el Paso Libertador-Purificador-Santificador por nuestra vida.

 Mientras no amemos en verdad, vamos a continuar vacíos, desolados, con miedo que es tinieblas y es fruto de ese vacío-desolación-ausencia de Dios-falta de amor y de voluntad de amar.

 Mientras no amemos en verdad, vamos a seguir dominados por el miedo exigiendo ser adorados, servidos, obedecidos, etc., es decir, vamos a continuar realizando obras de miedo y maldad para acallar el abismo del ego sometiéndonos al mismo miedo que no hace mas que crecer porque lo satisfacemos.


7.-


 Es evidente inmadurez. Somos como esos niños ególatras y caprichosos que exigen ser servidos, adorados, amados, servidos, obedecidos.

 Esos mismos que después se consideran exentos de dar y/o hacer lo mismo que piden, exigen, demandan, reclaman, aquello por lo que culpan-responsabilizan a otros.

 Ya es hora de dejar de buscar ser amados-adorados-servidos-obedecidos, es la hora de asumir nuestras responsabilidades, de perdonar y pedir perdón, de liberar y de comenzar a obedecer-servir a Dios, es hora de amarlo en verdad.

 Solo amando seremos amados.

 Exigiendo ser amados-adorados, solo cosecharemos mas de lo mismo porque se cosecha la siembra y lo que sembramos es miseria y maldad.

 Tenemos el amor que damos, si andamos entre miserias sufriendo desolaciones y sequedades, es porque no amamos, y no como pretendemos creer que es debido a que no nos aman.

 No tenemos realmente el amor que demandamos, exigimos, buscamos, etc., sino el que damos-generamos. 



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