18 enero 2017

ÚLTIMO MOMENTO PARA SALIR DE LA POSTRACIÓN INFERNAL



ÚLTIMO MOMENTO PARA SALIR DE LA POSTRACIÓN INFERNAL


1.-

 Permanecemos encerrados-hundidos en la nada inmunda y miserable que somos dedicándonos a lo que queremos.

 Lo que queremos es preocuparnos solo y siempre por nosotros mismos, somos unos miserables ególatras narcisistas infernales disociados de la realidad y hundidos en su miseria.

 Obsesiva, desesperada e histéricamente nos empeñamos-emperramos en pensar solo y siempre en nosotros, no salimos del abismo del ego, de la miseria abominable que somos.

Nos domina-somete el miedo, nos controla, determina lo que somos y hacemos, lo que no somos y lo que dejamos de hacer.


2.-


 Es debilidad, sin embargo, nosotros mismos estamos provocando lo que nos atormenta.

 Somos débiles, nos hundimos en la propia miseria, y al dedicarnos a satisfacernos, engendramos mas miseria, mas debilidad, mas abismo-vacío-desolación.

 El problema es que nos encerramos en nosotros, no levantamos la cabeza, no dejamos de pensar en nosotros, somos miserables, el primer pensamiento del día es ‘yo’, y el último también es ‘yo’, luego de haber pasado todo el tiempo pensando en sí mismo.

 El yoísmo genera obsesión, locura, desesperación, angustia, histeria.

 Suponemos que al prevalecer nos liberaremos del miedo, pero solo generamos miedo porque nos hundimos-encerramos mas en nosotros naufragando en la miseria en la que nos convertimos.


3.-


 En esencia, el problema es la ausencia-falta de Dios, es el vacío-desolación que se produce al provocar su ausencia.

 Dios falta porque no lo hemos recibido-aceptado, porque seguimos haciendo lo mismo de siempre, nos dedicamos miserable, caprichosa, obsesiva, desesperada, histéricamente a satisfacer el ego.

 Dios no se va por sí mismo, no se ausenta ni se aparta, somos nosotros los que provocamos su ausencia al no aceptarlo-recibirlo-seguirlo-obedecerlo.

 Olvidados de Él, andamos sin rumbo y todo cuanto hacemos suponiendo que es por y para nuestro bien, termina siendo por y para nuestra ruina actual y eterna.

 Construimos en la arena, en el vacío-ausencia de Dios, en el olvido y la negación de Él obsesionándonos por nosotros mismos al punto de desesperarnos y convertirnos en histéricos maniáticos infernales a imagen y semejanza de los demonios.


4.-


 Considerar que nada sustituye a Dios, no hay nada capaz de reemplazarlo, el vacío de su ausencia no se remedia.
 El vacío de la ausencia de Dios, pensando un poquito, ¿Cómo se puede remediar?, no hay manera, solo Dios.

 Ese vacío que sentimos-padecemos pretendemos llenarlo haciéndonos adorar, ver, aceptar, reconocer, servir.

 Nos olvidamos de Dios, prescindimos de Él, caemos en el abismo-vacío de nuestra propia desolación, de la nada miserable que somos y padecemos las consecuencias del vacío-ausencia de Dios que provocamos.

 El remedio no es hacerse adorar, no es llenar el vacío haciéndose servir, obedecer, atender, aceptar, el remedio es volver a aceptar-recibir a Dios y que Él ocupe su lugar.

 Notar el detalle, prescindimos de Dios y nos creemos dioses, no adoramos a Dios y nos hacemos adorar, no lo obedecemos como a nuestro Señor y Rey que es, y pretendemos ser obedecidos y servidos como si fuésemos reyes y señores de otros.


5.-


 De repente, de la noche a la mañana, sin buscarlo, quererlo o esperarlo, las almas despiertan a la realidad.

 La realidad golpea, avisa, llama, advierte, despierta a las personas trayéndolas de nuevo, sacándolas de sus evasiones, fantasías, autoengaños.

 Las personas quieren creer que dominan, prevalecen, reinan, por miedo quieren creer que controlan su vida y que todo esta bien.

 Construyen la falsa seguridad de creer que se han liberado del vacío, de la abominable desolación, del infierno de la ausencia de Dios que ni reconocen pero que sí padecen.

 Haciéndose adorar, imperando, prevaleciendo, succionando la vida de otros, quieren creer que han solucionado el problema, pero son como demonios que sienten vida porque se la quitan a otros obligándolos a vivir para sí, para llenar el abismo de su ego.

 Eso de repente, de improviso y sin previo aviso, es imposible.

 A todos les llega le golpe de realidad, el tropiezo, no van a poder seguir viviendo de otros, no van a poder seguir haciéndose adorar.

 Aunque no lo quieran y por fuerza mayor van atener que madurar, solucionar el problema, remediar su abominable situación, ponerse en orden.

 Cada uno va a tener que volver a Dios, purgar el orgullo-tinieblas, librarse del delirio-fantasía, dejar de mentirse-engañarse.

 Ya no se van a poder seguir manteniendo las vanidades, de repente la realidad se volverá tan cruda y abominable, áspera y recalcitrante que cada uno podrá ver, palpar, sentir, reconocer lo que realmente es y merece.

 Quiéranlo o no, les guste o no, es y será así.

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6.-


 Primero sentirán miedo, mas que de costumbre.

 Ahí saldrán de la somnolencia, letargo, despertarán un poco.

 Tendrán una obsesiva preocupación, un temor insidioso e insoportable.

 Temerán perder algo importante, alguien que consideran importan, algo que creen que es esencial para vivir, estar o pasar por este mundo de tinieblas.

 En esa preocupación obsesiva, angustiante, desesperante e histérica, algunos se perderán y otros considerarán volver a Dios.

 Los que vuelvan a Dios, levanten la cabeza, purgarán el orgullo, hallarán algo de paz.

 Mas ninguno va a evitar lo que teme, el golpe es para todos y cada uno padecerá donde mas le duela, eso es inevitable.

 Acá preguntarán ‘¿De qué sirve entonces creer en Dios?’, y la respuesta será: ‘Sin dudas que para conseguir lo que cada uno miedosa, mezquina y caprichosamente quiere, no’, se cree en Dios solo para conseguir lo que Dios quiere y lo que Dios quiere, nos guste o no, siempre es lo mejor porque Él Es Dios y sabe lo que hace.

 La Verdad es cruda, dura, áspera y a veces amarga, copa de ajenjo, recalcitrante, pero es el remedio que evita la perdición-condenación eterna.



7.-


 Considerar que si nosotros mismos no nos amamos, somos y seremos odiados.

 Por otro lado, si nos amamos como es debido, aunque seamos odiados, perseguidos, aborrecidos, podemos permanecer de pie.

 Amarse debidamente a sí mismo es querer para sí lo que Dios quiere simplemente confiando en que Él Es Dios y quiere lo que verdaderamente nos es conveniente.

 Amarse mal a sí mismo es lo que vemos a diario, la egolatría narcisista infernal que se practica de manera generalizada en el mas completo y abominable olvido y negación de Dios.

 Debemos vernos en la mas absoluta indigencia espiritual, hay que ver lo que realmente somos, podemos, tenemos, sabemos, etc., sin mentiras, sin velos, sin engaños, tenemos que palpar nuestra real miseria. Una vez que somos plenamente conscientes de esa abominable inmundicia infernal, debemos aceptarnos-perdonarnos.

 Ahí esta la prueba, viendo y sabiendo, comprobando y padeciendo lo que realmente somos, en vez de odiarnos, debemos perdonarnos, aceptarnos y también debemos vencer el miedo que genera conocerse tan miserable y despreciable, tan inútil y totalmente incapaz.

 Si no nos amamos debidamente, nadie nos va a amar como es debido.

 Dios nos Ama, pero no nos adora como pretende nuestro ego miedoso y nuestro orgullo delirante, nos Ama en Verdad y quiere Nuestro Verdadero y Eterno Bien.


8.-


 Encerrados en nosotros mismos durante mucho tiempo, es lógico que tengamos miedo a lo que nos rodea.

 Hemos estado hundidos-abismados en la nada inmunda y miserable, abominable e infernal que somos.

 Somos conscientes de lo despreciables e inútiles que somos, y no hicimos otra cosa mas que preocuparnos, y esto es porque no hacemos mas que mirarnos-pensar en nosotros mismos.

 Así solo crece miedo, se engendra preocupación, de esta manera solo agravamos la, de por sí, ya decadente situación.

 Si estamos en un agujero-mazmorra por mucho tiempo, el rechazo a la luz y a otros es natural, se genera miedo y éste domina.
 Por ello es que estamos mas propensos a rechazar a Dios que a aceptarlo y de ahí es que nos opongamos  ala Verdad que nos parece amenazante, ofensiva, dolorosa, humillante.

 Considerar que hemos acumulado miedo, preocupación, tinieblas, nos nimba la oscuridad infernal, el olvido y la negación de Dios, la suma e inútil preocupación por nosotros mismos.

 Comprender que estamos acostumbrados a vivir por y para nosotros mismos, tanto dios como los otros de en derredor, son extraños que amenazan esa dedicación exclusiva  así mismo. De ahí el miedo, el rechazo, repudio, etc.



9.-


 Siempre nuestro orgullo-vacío-delirio quiere a alguien para someter, humillar, denigrar, aborrecer, despreciar, etc.

 El orgullo es así, es fantasía, delirio y maldad, es miedo y preocupación por sí que se acalla fingiéndose autosuficiente y humillando-sometiendo-despreciando.

 Convertidos en fuentes de orgullo por ególatras narcisistas infernales que elegimos ser, generamos constantemente humo, esas tinieblas en las que naufragamos no haciendo otra cosa mas que preocuparnos por nosotros miserable e inútilmente.

 En vez de buscar remedio a la manera infernal que es ese hacerse adorar-obedecer-aceptar, debemos buscar remedio a la manera de Dios que es aceptar a Dios, la Verdad y dejar de renegar contra su Voluntad, aprender a obedecer, reconocer la necesidad real que tenemos de Él.

 Tenemos miedo, nos preocupamos demasiado por nosotros mismos, tanto como inútilmente, deberíamos confiar en Dios, creer en su Amor, aprender a confiar y perseverar sabiendo que todo es por y para Nuestro Verdadero y Eterno Bien.

 Hay que vencer el orgullo, ese delirio infernal en el que nos encerramos queriéndonos creer autosuficientes, es decir, drogándonos con soberbia diaria y constantemente.


10.-


 Considerar que el adversario, el cerdo infernal, satanás, tienta al alma, la llena de furia-rabia-maldad-deseo de venganza instándola a que se haga adorar, haciéndole creer que debe ser obedecida, servida, aceptada, tomada en cuenta, etc.

 El adversario quiere alzar de la miseria a las almas para servirse de ellas y luego de consumirlas, descartarlas.
 La vida es simple, debemos dejar a Dios libre y subir a la cruz como nos corresponde.

 Si salimos de la cruz, crucificamos a Jesús.

 Si pretendemos que nos liberamos entregándonos a vicios, caprichos, ambiciones, etc., estamos liberando a satanás, no nos liberamos nosotros, solo nos esclavizamos en el camino de perdición mientras que nos mentimos queriéndonos convencer de que eso es bueno, justo, conveniente, debido, necesario y/o urgente.

 Eligiéndonos a nosotros mismos, no nos elegimos a nosotros en realidad, sino que estamos eligiendo al adversario, al cerdo infernal, satanás.

 Debemos elegir a Dios para llegar a elegir lo que es Nuestro Verdadero y Eterno Bien.



11.-


 Dado que estamos adormecidos, atontados, somnolientos, aletargados, sufrimos y continuaremos sufriendo sacudidas, avisos, advertencias de última hora.

 Así comprenderemos la necesidad y urgencia de ponernos de pie, de levantarnos, de volver a Dios.

 Las desgracias en el mundo están servidas, en menos de quince días a nivel nacional hemos padecido muchas, incendios, inundaciones, aludes, terremotos, y por otro lado, la tiranía perversa de los cerdos que nos gobiernan al servicio de nuestros antiguos enemigos entregándonos a la aniquilación total.



12.-


 En definitiva, estamos sumidos-perdidos-ahogados en la propia miseria no haciendo mas que negarnos a verla-aceptarla-reconocerla y empeñándonos en ocultarla-disimularla-negarla.

 Así es como nos autodestruimos, de esta manera es como descendemos al infierno por el abismo del ego autodestruyéndonos, corrompiéndonos, arruinándonos, deformándonos a imagen y semejanza de los demonios.

 Si no aprovechamos los últimos instantes para corregirnos-reencaminarnos, quedaremos postrados e irreversiblemente petrificados en ese camino de autodestrucción en el que no hacemos mas que generar odio, furia, maldad, orgullo, perversidad, gusanos o vicios, etc.

 Tocándonos padecer, no debemos creer que Dios nos odia, olvida o castiga, sino ver que Él nos ama y así nos llama, nos devuelve a la realidad, evita que nos convirtamos en ególatras narcisistas infernales disociados de la realidad y perdidos en sus fantasías de orgullo infernales.

 Hay que aceptar a Dios, su Voluntad y seguir al Señor, no hay mas remedio ni nada que nos convenga mas. Cualquier otra cosa es fantasía, ilusión, autoengaño que provoca la ruina actual y eterna.


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