02 enero 2017

ESPÍRITU DE SUFRIMIENTO (III)



ESPÍRITU DE SUFRIMIENTO (III)



 Tercera parte de este espíritu inmundo infernal. Simplemente hay que hacer o  siempre, aceptar, negarse, obedecer, purgar y perseverar, ofrecer el santo sacrificio espiritual.

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Sufrimiento
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Sufrimiento II
http://jorgelojoluzverdadera.blogspot.com.ar/2016/08/espiritu-de-sufrimiento.html



1.-

 Aun haciendo el mejor esfuerzo y el mas grande sacrificio, continuamos siendo humanos, solo y simplemente humanos.

 Aun obrando lo mejor posible, un cultivando las virtudes en grado heroico, seguimos siendo humanos, solo humanos, simplemente humanos.

 Esto significa que somos de barro, un poco de tierra rejuntada y húmeda.


2.-

 Continua faltándonos lo fundamental, lo que cambia la esencia, aquello que nos dota de una segunda naturaleza.

 Nos falta el verdadero amor a Dios.

 Aun no hemos amado a Dios como es debido, continuamos centrados en nosotros mismos y encerrados en el abismo del ego no haciendo otra cosa mas que preocuparnos por nosotros mismos.


3.-

 Amar a Dios es aceptar su Voluntad.

 Su Voluntad siempre conlleva un sacrificio que da muerte al yo-ego purgando el orgullo y genera verdadero amor a Él estableciendo un enlace-unión.

 Su Voluntad siempre requiere un sacrificio, y siempre se trata de aquello que es lo peor de lo peor para la persona, algo insufrible e insoportable, abominable y repugnante.

 Su Voluntad siempre prolonga el sacrificio-sufrimiento en el tiempo de manera abominable probando la perseverancia purgando el alma, requiriendo un esfuerzo sobrehumano.

 Lleva al extremos de perder la fe y todavía exige mas.

 Sin embargo, nada de lo que ocurra escapa a su Voluntad, sea lo que quiere o lo que no quiere y permite, pero si sucede es por algo, porque Él lo permitió aun no queriendo para nuestro crecimiento-evolución espiritual y para colaborar en salvar almas.


4.-

 La peor prueba no es estar en garras de nuestros enemigos padeciendo sus embates caprichosos al servicio del infierno.

 La peor prueba es tener a nuestros enemigos en nuestras manos y hacer nada para vengarse, y peor, tener que orar y sufrir por su salvación.

 La prueba se difiere en el tiempo, es la perseverancia en el sufrimiento. Perseverancia en el amor a Dios, en la obediencia, soportando a los enemigos, venciendo la tentación del odio y la venganza.


5.-

 Amamos a Dios haciendo el sacrificio donde nos lo pide, soportando a los enemigos, perseverando donde sufrimos, sosteniendo la fe, esperanza, caridad, etc.

 Amamos aun mas a Dios cuando llegamos a hacer todo por obediencia, cuando es solo porque es su Voluntad, porque Él lo quiere o permite.

 El extremo es cuando lo hacemos o soportamos solo porque sí, sin mas que eso, con sumo sufrimiento y sacrificio solo porque Dios lo quiso o permitió no queriéndolo.

 Acá es donde el vivir se vuelve sacrificio, donde cada día es como un castigo o maldición pasado en el sufrimiento. Continuar viviendo, seguir obedeciendo es repugnante, insufrible, como cundo El Señor estuvo colgado de la Cruz suspendido entre el Cielo y la tierra agonizando por tres largas horas.


6.-

 El sufrimiento, la humillación genera resistencia interior inconsciente aun no queriendo.

 Eso provoca presión y el orgullo mismo humillado se convierte en odio y deseo de venganza.

 Eso genera mas presión y esto busca liberación.

 Eso lo busca el enemigo para provocarlo y controlar o manipular el descontrol furioso, el vómito de odio, la venganza.

 Ofrece víctimas, ofrece oportunidad y motivo, excusa, a quien culpar-responsabilizar-acusar.

 La presión se libera odiando-acusando-atacando a la víctima, pero eso deja al alma a merced de los demonios de los que se ha vuelto instrumento.

 Ahí es donde el ama debe advertir donde le cuesta amar-soportar-aceptar.

 Ahí es donde debe renovar el sacrificio de sí haciendo lo mismo de siempre, renunciando a sí, soportando, aceptando, y siguiendo adelante.

 Es repugnante la orgullo, pero no hay salida, así se libera de la tentación.

 Considerar, el enemigo ofrece como salida a esa presión la venganza y Dios la muerte a sí mismo. Al alma le es mas justo, agradable y debido la venganza, siempre lo que ofrece el enemigo es mas tentador mientras que lo que Dios ofrece resulta mas repugnante, la cruz nunca es agradable, pero es el camino y la salvación.


7.-

 Lo que Dios ofrece es encausar el deseo de ser libre, darle forma.

 Siente el alma un impulso furioso como rebeldía adolescente.

 Dios no lo impide porque sabe que es peor, pero no lo deja completamente libre porque el alma se pierde.

 Entonces, humilla, da oportunidad de ofrecer un sacrificio de sí liberándose del delirio orgulloso.

 Ahí encamina, encausa, guía al alma algo útil, conveniente para sí aun soportando algún defecto o falta menor.

 De a poco la va llevando al orden, encaminando y haciendo crecer-madurar-evolucionar.

 Si el alma quiere ser libre, Dios le dice como y la encamina, ella debe confiar y hacer lo que Dios pide.

 El alma no sabe lo que es ser verdaderamente libre como no lo sabía el pueblo que fue el elegido y por eso despreció al salvador y eligió salvarse por sí para acabar en la diáspora.


8.-

 Debemos usar lo que nos toca para crecer-madurar-evolucionar, cosa que hacemos cuando aceptamos lo que Dios quiso, o lo que no quiso pero permitió.

 Ahí ofrecemos el sacrificio del yo-ego-orgullo, ahí generamos amor a Dios expresado en la aceptación-obediencia-perseverancia.

 Por otro lado, considerar que es lo único que se puede hacer, el sufrimiento, la humillación, el abominable padecimiento lo vamos a tener igual y es irremediable, sin salida ni solución posible, solo vamos a poder seguir padeciendo, así que, lo conveniente es aprovechar ese dolor.

 Considerar lo que le dijo el Serafín a San Francisco, “Se te aumenta el dolor y el amor para llegar a ser un ser semejante a Cristo”.

 La salida es hacia arriba, aceptar a Dios y entregarse a Él.


9.-

 Ser libre no es lo que queremos, es todo lo contrario.

 La mente posee una idea o la idea posee a la mente. El deseo posee, esclaviza y domina, somete y entrega al alma al adversario.

 El alma debe desear obedecer a Dios a pesar de todo y siempre, especialmente cuando mas insufrible, desagradable y abominable se presenta.

 Ser libre es soportar el infierno en la tierra, aquello que es lo peor de lo peor para cada uno y continuar creyendo en Dios.

 Es pasar por lo que G. Orwell llama “Habitación 1-0-1” en su novela distópica “1984”, y aun soportando el peor embate infernal por años, continuar eligiendo a Dios a pesar de todo.

 Ser libre es desprenderse de sí, aceptar a Dios en todo y siempre, dejar que su Voluntad entre-pase por nuestra vida hasta el último rincón purificando y prevaleciendo, humillándonos y sacrificándonos.

 Ser libre es llevar eso al extremo de lo insufrible y perseverar en ello. Luego, es oponerse una vez, caer, decir ‘no’ o ‘basta’ venciendo el miedo a Dios. La virtud de toda una vida no se tuerce en un día. Después todo sigue y el sistema es el mismo.


10.-

 Considerar que todo es como debe ser, mas no como debería ser.

 Esto significa que todo es como debe ser por justicia, pero no como debería ser.

 Padecemos lo que merecemos porque obramos como no debemos.

 Deberíamos amar-obedecer a Dios, y como no lo hacemos, tenemos lo que merecemos, cosechamos la siembra, estamos como merecemos-debemos.

 El infierno sobre la tierra y que el alma padece es lo que debe ser, pero no lo que debería ser.

 Lo que debería ser es el Cielo, la Vida-Presencia de Dios en el alma y en el mundo, pero como no amamos-obedecemos a Dios, estamos como debemos, como en el infierno acá en la tierra.


 Tenemos razón al decir que los otros son abominables, repugnantes e instrumentos infernales, que son el castigo que merecemos y aun mas. Tenemos razón al decir que no es justo que sean y obren así.

 Pero la realidad es que Dios no nos deja solos, abandonados, tirados y olvidados.

 No evita tampoco el sufrimiento ni produce un paraíso en la tierra.

 Envía a su Hijo como ayuda, sostén, guía, para que podamos encaminarnos, usar todo padecimiento para purificarnos y ofrecer el santo sacrificio que nos reúne con Él, que nos devuelve a la comunión en la que nos da su Espíritu de Vida.


11.-

 En definitiva, hay que dejar de pensar en sí, dejar de quejarse, lamentarse, preocuparse.

 Hay que dejar de pensar en lo que queremos, dejar de buscar solución a lo que no lo tiene, hay cosas que no las podemos tocar, solucionar, solo debemos soportarlas y sobrellevarlas dando gracias a Dios que no son peores, a pesa de que sean abominables e insufribles.

 Hay que perseverar en el olvido de sí y debemos buscar la Voluntad de Dios y hacer lo que nos pide,-quiere-espera ahora.
 El camino es así, siempre es así, olvido de sí, negación de sí, buscar a Dios, discernir su Voluntad y obedecerlo-seguirlo perseverando al fin y aun mas.

 Entonces, no hay escusa, no importa lo que hemos padecido, no importa lo que hicimos, no importa lo que tememos volver a padecer, no importa si se prolonga el sufrimiento, la cuestión es la misma de siempre, hay que olvidarse de sí, negarse, sacrificar el ego-yo-orgullo-voluntad propia, hay que discernir la Voluntad de Dios una vez mas y seguir.


12.-

 La cuestión sigue siendo la misma de siempre, el problema es que no amamos ni queremos hacerlo.

 Diaria y constantemente nos hallamos frente a nuestros límites, esa incapacidad y falta de voluntad de amar.

 No mamaos ni queremos, solo nos preocupamos por nosotros mismos y siempre tenemos una excusa para continuar haciéndolo.

 Debemos vencer el velo de tinieblas-miedo, esa enfermiza e infernal preocupación por sí, la debilidad e inconsistencia que somos.

 Tenemos que salir de nosotros mismos, del abismo del ego, dejar de pensar en nosotros mismos y hacer el esfuerzo de amar-obedecer-aceptar a Dios una vez mas confiando en Él y creyendo en su Amor.

 Aun no hemos encendido el fuego, todavía no amamos a Dios como es debido. Todavía seguimos pensando en nosotros mismos, y consecuentemente, temiendo por nosotros.

 Así que, todo va a seguir siendo igual o peor, pero una vez mas hay que amar-aceptar a Dios olvidándose de sí, aprendiendo a sobrellevar lo que debemos soportar-cargar cual cruz y así hay que seguir.

 Aun no debiendo y casi no pudiendo, debemos sacrificarnos una vez mas, esforzarnos de nuevo, solo porque sí como siempre y acompañados por el convidado no querido pero siempre presente, el sufrimiento.


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