21 octubre 2016

REFLEXIONES SOBRE EL YO-EGO-VOLUNTAD PROPIA Y EL SANTO SACRIFICIO ESPIRITUAL (13 ra Parte)



REFLEXIONES SOBRE EL YO-EGO-VOLUNTAD PROPIA Y EL SANTO SACRIFICIO ESPIRITUAL (13 ra Parte)


 Dispersamos la fuerza-vida-voluntad queriendo muchas cosas a la vez, incluso contradictorias entre sí.

 Andamos dispersos, distraídos, sin rumbo, perdidos al dedicarnos a muchas cosas y generalmente inútiles.

 Debemos concentrar la vida-voluntad-fuerza en una cosa, cortar toda rama inútil, dejar de desviar recursos, esfuerzos y sacrificios en cosas inútiles que solo sirven para distraernos y hacernos perder el tiempo.

 Hay que dedicarse a obedecer a Dios, seguirlo en su Voluntad, querer lo que Él quiere. Ahí es donde nuestra vida se invierte en algo útil, bueno, necesario, justo, debido, etc.

 El camino es simple, hay que obedecer a Dios e ir sacrificando la voluntad propia en todo, aprovecharla como medio para adquirir la Vida Eterna-Verdadera-Sobrenatural-Espiritual-Divina.

 Todo debe ir cayendo, gustos, apegos, deseos, necesidades, etc., todo debe ser sacrificado y sometido a la Voluntad Divina.

 Esto es así porque no solo sacrificamos lo que dejamos, aquello a lo que renunciamos, sino que en esos actos de renuncia estamos sacrificándonos a nosotros mismos.

 Así debemos caminar hasta el fin, perseverar hasta el fin.

 Al fin llega eso que no queremos ceder, en lo que no queremos renunciar ni sacrificarnos. Sin embargo eso también debe caer, hay que deponerlo, ahí debemos morir a nosotros mismos una vez mas.

 No es solo una sino que son muchas e incesantes como las olas del mar. Son golpes constantes hasta que el yo-ego se rebela, opone furioso.

 Ahí una vez mas debemos ceder, renunciar, morir a nosotros mismos.

 Solo así se logra una verdadera transformación, transfiguración y total transubstanciación.


 Luego de perseverar en el sacrificio total de nosotros mismos, en el sumo dolor y no conociendo en el mundo mas que sufrimientos, llega la última prueba.

 Ésta consiste en admitir que no podemos mas, que aun queriendo no podemos. Ahí vencemos el miedo a Dios, la desconfianza y nos deshacemos del orgullo que se generó al seguirlo-obedecerlo sacrificándonos hasta el final una y otra vez imitándolo en sus obras y continuándolas con total desprecio de nuestra vida en este mundo de tinieblas.

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