03 octubre 2016

LA PEOR PRUEBA (PRONTO CONCLUYE)



LA PEOR PRUEBA (PRONTO CONCLUYE)


 Es grotesco, abominable, repugnante, pero es así y no hay mas vueltas que darle.

 No podía ser peor la prueba que Dios permite, sin embargo, la tenemos delante y debemos pasarla o quedar postrados en la derrota.

 No tenemos obligación de responder bien, eso es como siempre, podemos elegir, pero también sabemos que elegir mal, egoístamente, pensando en nosotros, no es elegir libremente dado que nos presiona el enemigo y se sirve de nuestra debilidad.

 La prueba es simple, nos toca padecer como en el infierno acá en la tierra, conocemos tormentos infernales, conocemos todos los abismos y sabemos de todas las clases de tormentos que los demonios pueden descargar sobre las almas.

 Esos tormentos se perpetúan en el tiempo, se difieren por años, son abominables en cuerpo, alma y espíritu.

 Sin embargo esa no es la prueba sino la preparación.

 La prueba consiste en que El Señor pone el destino de nuestros enemigos en nuestras manos.

 Esto significa que padecemos para otorgar a nuestros peores enemigos en el mundo la oportunidad de redimirse, reencaminarse, conocer a Dios, salir del abismo, abandonar sus malos caminos.

 Nada mas repugnante para el alma, nada mas abominable para el orgullo, nada mas repulsivo para el amor propio que tener el destino de esas miserables almas en nuestras manos. No podía haber peor prueba que esta.

 Se descarga sobre nosotros la furia y castigo que esas almas padecerán en el infierno si se pierden. Nosotros funcionamos como dique evitando que el odio infernal alcance a esos cerdos ahora otorgándoles tiempo para que se conviertan, abandonen sus malos caminos y depongan su mala voluntad volviendo a Dios.

 Esos tormentos abominables, infernales, insufribles que padecemos noche y día, son el pago y rescate, la redención que hacemos de nuestros enemigos y perseguidores.

 Eso que padecemos sirve como dique para que no sean arrollados por la furia infernal y como pago de su rescate otorgándoles la oportunidad de que se corrijan.

 Muchas veces nos ha tentado el enemigo infernal para que demos curso a esa furia y nos cobremos venganza contra nuestros enemigos terrenales, aquellos que son sus instrumentos en el mundo.

 Cuando elegimos no ceder a la tentación del odio, estuvimos eligiendo concederles mas tiempo para que se conviertan, vuelvan a Dios y salgan del abismo de su inmunda e infernal egolatría.

 Eso fue amor puro, solo porque sí, totalmente indebido, innecesario, inmerecido. Lo justo era todo lo contrario.

 En esa prueba hemos sido purificados, ahí crecimos por soportar injusticias de la Justicia y ahí los cerdos enemigos que nos han perseguido han tenido oportunidad de conocer la Misericordia de Dios, la verdadera, aquella que los invita a salir del abismo de su inmunda e infernal egolatría narcisista.

 Como sucede con todo en este mundo abominable de tinieblas, siempre hay un plazo y éste se cumple por el mero transcurso del tiempo sin que nada podamos hacer a favor o en contra.

 Esto significa que se acabó. Precluyó una etapa, se terminó el tiempo o plazo de gracia concedido a lo cerdos para abandonar el chiquero de su inmunda e infernal egolatría narcisista.

 Que se haya acabado su tiempo no significa que ahora debamos deja de tener paciencia, sacrificarnos y entregarnos a Dios que es lo que sabemos y queremos hacer. No significa que ahora debamos hacer justicia por mano propia. Significa que Dios mismo va a ocuparse.

 Concluye la peor prueba que hayamos pasado, pronto nos veremos librados de tan abominables e infernales tormentos.



La peor prueba no es estar en garras de nuestros enemigos padeciendo sus embates caprichosos al servicio del infierno.

La peor prueba es tener a nuestros enemigos en nuestras manos y hacer nada para vengarse, y peor, tener que orar y sufrir por su salvación.


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