29 julio 2016

ESPÍRITU INTRANSIGENTE



ESPÍRITU INTRANSIGENTE


 Es un espíritu odioso, resentido, obsesivo, posesivo, despiadado, sumamente caprichoso.

 Es espíritu de rechazo y negación, de oposición constante.

 Supone que tiene el poder mientras que se niega, opone y rechaza.

 A la vez se desespera por imponerse, reinar, prevalecer, triunfar.

Una vez toca perder, por voluntad o fuerza, es necesario que aceptemos perder para purgar el espíritu.

 Por miedo buscamos ganar, imperar y prevalecer siempre, nos desesperamos y obsesivamente queremos ganar, estar por encima, imperar, imponer la propia voluntad volviéndonos caprichosos despiadados.

 Así quedamos fuera de la realidad obsesionados, histéricos, desesperados, volviéndonos malditos despiadados, no aceptamos nada ni a nadie, solo buscamos estar por encima, triunfar, prevalecer.

 Suponemos que nos liberamos el miedo o que evitamos lo que nos hace padecer o lo que tememos que nos hará padecer, pero la realidad es que estamos provocando el sufrimiento al prescindir de Dios y al generar un infierno con tanta obsesión, capricho, maldad.

 No estamos dispuestos a escuchar, ver, entender, solo queremos ganar siempre, sea como sea, solo queremos imperar, imponer la propia voluntad volviéndonos cerrados, obtusos, despiadados, caprichosos, malditos y desgraciados recalcitrantes insufribles.

 Comprender que al menos una vez debemos perder, nuestro orgullo tiene que ser limitado, debemos vernos humillados, porque la supuesta victoria constante solo deja crecer lo que es malo en nosotros, el infierno deforme, la abominación, es egolatría, olvido de Dios y maldad.

 Si no queremos limitar el orgullo haciendo el esfuerzo-sacrificio de buscar a Dios para seguirlo-obedecerlo, lo veremos limitado por fuera al chocar unos contra otros en los delirios y en las ambiciones insaciables volviéndonos frenéticos insoportables.

 Al vernos limitados por fuerza, por chocar contra otros, o por chocar contra los propios límites, debemos rendirnos, dejar de ser obtusos, dejar de obsesionarnos con prevalecer. Comprender que sino dejamos de estrellarnos contra la pared de lo imposible, nos vamos a terminar de autodestruir.

 Hay diferentes formas para evitar llegar a generar este espíritu impuro intransigente, maldito e irracional que es furioso, obsesivo, caprichoso y despiadado.

 La primera forma es buscar a Dios, negarse a sí mismo, esforzarse en obedecer al Señor colaborando en Que Se Haga-Reine-Triunfe Su Voluntad en nuestra vida.

 La segunda es chocando contra situaciones inevitables, imprevistas, imponderables.

 La tercera es chocando contra otros que son iguales o peores que nosotros, exageraos, obsesivos, ególatras narcisistas infernales delirantes de orgullo y esclavos de sus caprichos, ambiciones, vicios y corrupciones.

 La cuarta es chocando contra los propios límites.

 Pasados estos cuatro filtros, si las almas persisten en querer hacer imperar su voluntad, si se empecinan, emperran, encaprichan, quedan por su cuenta, libes de ser y hacer todo lo que desean hacer hasta autodestruirse por completo.


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