15 julio 2016

ESPÍRITU HOSTIGADOR-INSIDIOSO



ESPÍRITU HOSTIGADOR-INSIDIOSO


 Es un espíritu perverso y despiadado, envidioso y resentido, maldito, odioso, sumamente desgraciado e insidioso.

 Solo quiere hacer padecer a las almas, las busca, persigue y maltrata.

 Se dedica a perturbarlas, solo quiere molestarlas y provocar que sufran.

 Es astuto y despiadado, busca aquello que mas hacer padecer a cada uno y ahí golpea sin cesar disfrutando sádicamente el dolor que provoca.

 En sí su interés no es el dolor ni disfrutar cuando hace padecer a las almas, su interés o motivación es molestar, perturbar, no dejar en paz.

 Quiere provocar el mal al alma, hacerla desgraciada, volverle su existencia-estadía-paso por el mundo un maldito e insoportable infierno abominable sumamente insufrible.

 Odia visceralmente a las almas, aborrece lo que son, hacen, tienen, saben, etc., y especialmente aquello de lo que están orgullosas y satisfechas, así como de aquello por lo que son amadas, adoradas y destacadas.

 Esa es la razón porque ahí las castiga, ataca, persigue y hace padecer particularmente, porque envidia eso que se nota, destaca y les merece aceptación o atención.

 Quiere que las almas consideren que la bendición es una desgracia, que aquello en lo que son especialmente amadas por Dios, sea un tormento tal para que no lo vean así y solo lo registren como fuente de dolor, desgracias y sufrimientos abominables.

 Quiere subvertir y deformar todo, reformar, cambiar, estropear, aniquilar, es destructor y transformador resentido que busca afear y arruinar todo.

 Golpea insidioso, obsesivo y sumamente desgraciado donde Dios ama particularmente, eso lo enfurece y por ello ahí ataca y quiere destruir, hacer padecer.

 Es tanto y tan insidioso, constante y sin tregua que las almas llegan a creer en el dolor que no son amadas por Dios sino olvidadas o maldecidas, no ven que son especialmente amadas por Él o que las ha bendecido de manera particular y que por ello los demonios las persiguen particularmente entre celos, envidias, odios y caprichos.

 Dicen los demonios que las almas merecen padecer, y tanto mas aun si son amadas por Dios, y mas todavía si son especialmente amadas por Dios.

 Esto es por envidia, celos, roque ellos creen que por culpa de las almas han perdido sus privilegios y superioridad, no quieren reconocer que han perdido todo simplemente porque se negaron a aceptar a Dios, su Voluntad, se negaron a amar a Dios, a obedecerlo, y especialmente se negaron a aceptar y amar a la humanidad.

 La manera de vencerlo es la misma de siempre, olvidándose de sí mismo, renunciando a la propia voluntad, eligiendo la Voluntad de Dios y pasando la dolorosa purificación para no ser igual y que no tenga de esta manera donde aferrarse o unirse al alma.

 Comprender que un espíritu insipiente similar se forja en el resentimiento, cuando hemos padecido y creemos que es justo que otros padezcan. Es efecto de la dureza, del dolor que se manifiesta amarga y dolorosamente queriendo ser indiferencia hacia el dolor ajeno.

 Ese espíritu impuro interior nos tienta para volvernos mas hostigadores de otros, para que nos dejemos llevar acusándolos, odiándolos, despreciándolos, porque ahí es donde nos domina, se alimenta-nutre y crece.


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