19 junio 2016

PERSEVERAR



PERSEVERAR


 Vencidos por el miedo, doblegados por la debilidad, hundidos-perdidos en nosotros mismos, solo conocemos tormentos, castigos, desgracias.

 Olvidados de Dios, preocupados por nosotros, padeciendo por todos lados y en todo momento, vamos de desgracia en desgracia, de abismo en abismo.

 Cada día que pasa es peor, cada momento es un tormento, vivir es un castigo, el tiempo es insufrible.

 Todo concurre para la desgracia, y aun cuando nos dijimos a Dios, parece ausente, inútil, indiferente, ajeno, inalterable o despreocupado por lo que acontece.

 Solo vemos-tenemos tormentos y solo esperamos mas desgracias, existir se vuelve un castigo y pasar por el mundo es como estar en el mismo infierno.

 El alma es demolida con los tormento y por la nula esperanza, hacemos intentos por salir adelante, poner algo de orden, remediar desgracias, pero solo resulta siendo el germen de nuevas desgracias.

 Es como si estuviésemos condenados sin tener otro derecho mas que el de padecer sin remedio, salida o solución.

 Con castigos quiere imponernos el adversario su voluntad, la rebeldía, empujarnos a ir en contra de Dios, inducirnos a elegirnos a nosotros mismos, hacer que nos dediquemos a rebelarnos o a enviciarnos despechadamente.

 Se especializa en hacernos lo peor de lo peor, nos castiga en aquellos tormentos que son lo peor para cada uno, lo goza-disfruta de alguna manera mientras no tenemos mas remedio que padecer como malditos condenados, se burla de Dios.

 Así pasamos a ser mártires de estos tiempos de tinieblas que continúan sosteniendo la Fe, el Santo Sacrificio Espiritual, que perseveran pese a todo.

 En medio de este maldito infierno que atravesamos en el tiempo debemos esforzarnos aun mas en ser fieles, hay que ver donde nos hemos desviado y donde esta produciéndose la abominable desolación, es decir, donde hay u poco de rebeldía contra la Voluntad de Dios aunque sea inconsciente e involuntaria.

 Ahí hay que ajustar el rumor, comportarse como si fuésemos fanáticos o estúpidos que, a pesar de padecer como condenados, elegimos continuar siendo fieles y seguimos creyendo en el Amor de Dios.

 La esencia es no hundirse en sí mismo, no caer en lástima, dejar de auto compadecerse.

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