06 junio 2016

PARA VENCER EL ESPÍRITU DE ORGULLO



PARA VENCER EL ESPÍRITU DE ORGULLO



‘A mí no me vas a vencer, no me vas a ganar, no voy a perder, conmigo perdiste vos, no tenés manera de ponerte encima mío’, dice desafiante y lleno de furia el adversario.

 Mientras dice esto escupe veneno, vomita odio, supura maldad.

 Es una furia desatada, sol quiere destruir, estropear, aniquilar, arruinar.

 Se empeña en hacernos padecer, no quiere hacer otra cosa mas que vencernos, dominarnos, ganarnos, ponerse encima.

 Desesperado busca prevalecer, humillarnos, hacer su voluntad.

 De ninguna manera va a perder, siempre quiere ganar, es puro orgullo y consecuentemente, es pura maldad, odio, furia.

 Ni aun vencido, ni aun derrotado, se da por vencido ni acepta la derrota, no cede, no retrocede.

 Solo junta fuerzas, se enfurece, para volver a la carga, para seguir avanzando, para continuar buscando la manera de ganar e imponerse.

 A esta clase de espíritus impuros, demoníacos, infernales, se los vence de una manera diferente.

 Por la fuerza, con exorcismo y combate abierto no podemos, solo nos desgastamos inútilmente.

 A este lo vencemos con sacrificio, viviendo en la Cruz, aceptando la Voluntad de Dios, purgando todo orgullo en nosotros, eliminando toda rebeldía, sofocando toda oposición a Dios.

 En vez de perder tiempo peleando con un idiota como este, lo que debemos hacer es buscar no ser iguales, dejar que tal espíritu venenoso e infeliz se pudra en sí mismo, no perder tiempo enredándose.

 Si nos dedicamos a pelear con imbéciles de ese tipo, nos absorben vida, nos quitan vitalidad, se alimentan de la vida que dejamos en el combate contra ellos.

 Son abismos negros sumamente oscuros, hay que dejarlos ganar, perder, ignorarlos, no enredarse y no perder tiempo con ellos.

 Si nos dedicamos a pelear en este caso, aunque ganemos, vamos a perder porque se alimentan de nosotros y solo juntan fuerza para volver a lanzarse en contra nuestra y lo hacen cuando nos han debilitado por la vida que nos han succionado.

 Para combatirlos es lo mismo, ignorarlos, quitarles fuerza, no darles fuerza evitando pelear contra ellos.

 Hay que sufrir en el orgullo, perder, dejar ganar a estos imbéciles una batalla para prepararnos a ganar la guerra.

 De idiotas de este tipo se ocupa Dios mismo, debemos lograr una mayor presencia de Dios, una mejor comunión con Él y así es como su Divina Presencia en nosotros los hará retroceder, ellos mismos huirán espantados al no poder soportar la Presencia Viva de Dios en y con nosotros.

 No es un autor para citar en cuestiones de espiritualidad sino todo lo contrario, pero la verdad es que en este punto tiene razón y es oportuno recordar lo que dijo  “Quien con monstruos lucha, cuide de no convertirse en monstruo a la vez, quien mira mucho tiempo al abismo, el abismo te mira a vos”, nietzsche.

 Dr. Jorge Benjamín Lojo.

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