02 junio 2016

LARGO CAMINO PARA HACER AQUELLO PARA LO QUE HEMOS NACIDO



LARGO CAMINO PARA HACER AQUELLO PARA LO QUE HEMOS NACIDO


 El Señor nos va corrigiendo, encaminando, llamando a volver al buen camino, quiere sacarnos del abismo, de las tinieblas, del infierno, del espectro de influencia infernal.

 La cuestión es que no queremos y no colaboramos, como hacemos para lograr el propio y verdadero bien, no prestamos atención, no hacemos caso, no discernimos su Voluntad y nos emperramos en obrar mal y cada vez peor.

 No prestándole atención al Señor carecemos de límite al orgullo, nos volvemos delirantes de orgullo al drogarnos a diario con soberbia.

 Nos dejamos envolver, engañar, desviar por los demonios, el mundo y la carne, no obramos por y para Nuestro Verdadero y Eterno Bien, sino solo para satisfacernos sin lograr saciarnos nunca y solo obteniendo la autodestrucción.

 Nos deformamos a imagen y semejanza de demonios al satisfacernos, conformarnos, saciarnos y no hacer nada Verdaderamente Bueno.

 Hay cosas para las que nos pide esfuerzo, negación, renuncia, sacrificio, pero también hay cosas en las que no o en las que no las hacemos.

 Ahí donde no hacemos renuncia, sacrificio o negación, donde continuamos obrando para satisfacernos, conformarnos, saciarnos en el ego, en vicios, ambiciones y caprichos, lo que hace El Señor es encausarnos.

 Eso que no dominamos y que no queremos tampoco controlar o limitar, El Señor lo encausa en una dirección en la que no nos perjudiquemos tanto.

 Esto significa que si no nos limitamos en el ego, vicios, ambiciones, caprichos, etc., si no buscamos y obedecemos al Señor como corresponde, esa salida desaforada de nosotros empeñada en autodestruirnos, la detiene El Señor.

 La detiene permitiendo un tropiezo o logrando un desvío.

 El tropiezo puede ser un hecho imprevisto en el que no podemos obtener lo que perseguimos excitados, descontrolados, desesperados, obsesivos, histéricos.

 El desvío consiste en que nos encausa a que consigamos algo parecido y dentro de ciertos límites, algo acotado, no tan descontrolado como lo que buscamos al movernos como caballos debocados al estar dominados por el orgullo y descontrolados por la podredumbre que llevamos dentro.

 Ahí nos da la oportunidad de ver la verdad, de conocernos realmente y de comprender aquello para lo que hemos nacido.

 Considerar que no se puede servir a dos patrones a la vez, debemos elegir definitivamente, o con Él o contra Él, o recogemos con Él o desparramos como cerdos ególatras hipócritas embusteros a imagen y semejanza del falso profeta y anticristo.

 Simplemente recordar que solo a Dios se debe adorar, no solo de pan vive el hombre y que no hay que tentar a Dios.

 Hay que satisfacer la Divina Justicia, pagar con la propia vida, ver la realidad, aceptar la Verdad y dejar de renegar, hay que comprender que no todo es para todos y que cada uno nació para algo diferente.

 Mientras no hagamos lo que debemos y no seamos aquello para lo que hemos nacido, cuanto hagamos y seamos será falso y solo provocará desgracias, padecimientos, sufrimientos, nos colocara como es debido ante la Justicia Divina padeciendo la abominable ausencia de Dios y sufriendo como en el infierno acá en la tierra.

 La Justicia de Dios hay que satisfacerla, con la propia vida pagamos, y a la vez, debemos esforzarnos, perseverar hasta el fin como dijo El Señor y ahí ver la Verdad, conocernos a ciencia cierta, aceptar la realidad y tomar definitivamente el camino, dedicarnos a aquello para lo que hemos nacido y venido al mundo.

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