30 junio 2016

LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD ES DOLOROSA Y POR LA FUERZA



LA ÚLTIMA OPORTUNIDAD ES DOLOROSA Y POR LA FUERZA


 Todos debemos salir del abismo de egolatría narcisista infernal, tenemos que abandonar el sepulcro, dejar de preocuparnos enfermiza e infernalmente por nosotros mismos.

 Nos encontramos encerrados en nosotros mismos naufragando en la propia miseria y solo dedicados a aumentarla, extenderla, cultivarla.

 La miseria es fruto de ser miserables para con Dios.

 No le damos la propia vida entonces la consumimos.

 Nos autodestruimos separándonos, apartándonos de Él, hundiéndonos o sumergiéndonos en nosotros y convirtiéndonos en la propia preocupación, obsesión, desesperación y el motivo de la histeria.

 El infierno surge al apartarse de Dios, al escindirse, al hundirse-sumergirse en sí, al pensar en sí, al querer ser amado, adorado, tomado en cuenta, etc., o sea, al no darle a Dios lo que le corresponde.

 El infierno que nos atormenta es el vacío-ausencia de Dios que provocamos al renegar de su Voluntad y apartarnos de Él, al hundirnos en la propia nada dedicándonos a preocuparnos por nosotros mismos, al pretender dedicarnos solo a nosotros mismos.

 Si queremos volver a la vida debemos salir le abismo de egolatría, tenemos que abandonar las tinieblas del miedo-preocupación por sí, tenemos que dejar de adorarnos y comenzar a adorar a Dios.

 Nos consagramos-dedicamos-entregamos-amamos a nosotros mismos, somos ególatras narcisistas infernales, por ello es que somos miserables, desamorados, nos incapacitamos para amar, no amamos a Dios, y consecuentemente no amamos a nadie.

 Nos estamos corrompiendo, pudriendo, deformando, estropeando, arruinando al separarnos de Dios, nos consumimos a nosotros mismos y también nos exponemos a los enemigos infernales que se lanzan encima cual buitres para devorarnos y arrebatarnos definitivamente al infierno.

 Lo que debemos hacer es simple, tenemos que comenzar a salir del abismo, volver a Dios, buscarlo, seguirlo, obedecerlo, colaborar con Él.

 Tenemos que renunciar a la propia voluntad, ofrecerla en sacrificio, aceptar su Voluntad y colaborar en Que Se Haga-Reine-Triunfe.

 Ahí es donde somos corregidos, purificados, rectificados, reencaminados, ahí es donde volvemos a la Vida porque la Vida vuelve a nosotros, porque entramos en comunión con Dios  Él Es la Vida.

 Como no hacemos esto que es por y para nuestro Verdadero y Eterno Bien, Dios interviene.

 Interviene permitiendo un tropiezo, una desgracia, dejando que nos estrellemos contra los propios límites y que se derrumbe el delirio orgulloso, se deshaga la fantasía.

 Ahí es donde por la fuerza y de apuro debemos hacer lo que no hicimos hasta ahora, ahí es donde no tenemos mas posibilidad de dedicarnos al orgullo y la egolatría, nos vemos forzosamente impedidos.

 Ahí es donde hay que orar, perseverar en la oración, renunciar a sí mismo, hacer penitencia, ofrecer el padecimiento como sacrificio y perseverar en la Fe.

 Esa es la última oportunidad de reencaminarse y de renunciar a los malos caminos de ruina, corrupción y autodestrucción.

 Si no la aprovechamos, nos perderemos para siempre apegados a las tinieblas, impurezas, venenos, vicios infernales porque es claro que los preferimos rechazando por ellos a Dios.

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