07 junio 2016

ES CRUDA, PERO ENGAÑARSE ES PEOR



ES CRUDA, PERO ENGAÑARSE ES PEOR


 No vemos la realidad, solo vemos la mentira que deseamos ver-creer y que queremos hacer ver-creer.

 Nos encerramos en la fantasía que deseamos vivir, aquella que queremos creer que existe.

 Eso es posible mientras no llega el choque, el tropiezo, la piedra de escándalo, es decir, mientras que la realidad no nos golpea.

 Siempre inevitablemente llega el choque con la realidad y ésta nos golpea-azota-castiga llamándonos a volver, evitando que nos perdamos en esas disociaciones fantasiosas inútiles e infernales.

 Los golpes de realidad ofenden el orgullo, lo demuelen, nos hacen padecer y nos llenan de amargura, son la copa de ajenjo que todos debemos beber.

 Si bien es feo el remedio, es oportuno y necesario, mucho peor es mentirse, engañarse y perder el tiempo pasando por el mundo evadido de la realidad, encerrado en una fantasía que nos consume para mantenerse.

 Nos condene que el delirio fantasioso se rompa, derrumbe, venga abajo o desvanezca, mientras subsiste nos pierde, nos devora-consume apartándonos de la realidad y encaminándonos al infierno.

 No queremos ver la Verdad, no queremos aceptarla, nos duele, atemoriza y encima comprendemos que nos quita la fantasía de que controlamos, reinamos o imperamos.

 Ahí surge el miedo, o mas bien se manifiesta porque ya estaba.

 Por miedo deseábamos construir la fantasía de que teníamos poder, control sobre nuestra vida y que hacíamos cuanto se nos venía en ganas.

 Era una fantasía, solo teníamos libertad para corrompernos, autodestruirnos y renegar de Dios, libertinaje, falsa libertad.

 Debemos buscar la Verdad, la libertad de obrar en el bien, por y para Nuestro Verdadero y Eterno Bien.

 Los delirantes de orgullo ven esto como limitación y esclavitud, pero es porque ofende su orgullo, demuele su falsa libertad, los deja desprovistos de su fantasía.

 Los golpes de realidad sirven para evitar que sigan apegándose a la mentira, si no los aprovechan buscando la Verdad y entregándose a ella, a la larga sufrirán el desgarro doloroso cuando su orgullo definitivamente se desvanezca, cuando comprueben que solo tenían fantasías.

 La Verdad es cruda, no es agradable, es una copa de ajenjo, un cachetazo al orgullo, una ofensa al ego, pero es el remedio necesario para evitar perderse.

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