26 junio 2016

EFECTOS DE LA PEREZA



EFECTOS DE LA PEREZA


 Nos hemos hundido-encerrado en nosotros mismos, no hacemos otra cosa mas que pensar en el abismo del ego, deliramos de orgullo, permanecemos disociados, apartados de la realidad.

 El pensamiento siempre se hunde en el abismo del ego, ama lo levantamos, no lo apartamos, es el absolutismo del ‘yo’.

 Nos encontramos talmente centrados en nosotros mismos, exclusivamente dedicados a satisfacernos.

 Nos consagramos-entregamos al abismo del ego y solo vivimos por y para satisfacernos.

 Buscamos la satisfacción en cuerpo, alma y espíritu, todo es egoísmo, y para ello forjamos la imagen por la que obtenemos atención, adoración, servicio.

 Somos totalmente inútiles mientras que fingimos ser eficientes y autosuficientes.

 Somos manipuladores, dominantes, nos servimos de todos y les hacemos creer que es por y para su bien o que nosotros somos los que los servimos.

 Somos mentirosos, embusteros, chantas, hasta creemos las mentiras que sostenemos. Somos la personificación de la falsedad, todo es falso, somos hipócritas.

 Esto es el resultado de la indiferencia hacia Dios, de ser suma y consumadamente egoístas, es el efecto de habernos dejado dominar por el miedo, de habernos sumergido en el abismo del ego preocupándonos enfermizamente por nosotros mismos al punto de volvernos sumamente miserables.

 La indiferencia a Dios es pereza y es fruto de preocuparse por sí que lleva a dedicarse-consagrarse-entregarse a sí mismo.

 Esto es lo que convierte a la almas en ególatras narcisistas miserables, pasan por el mundo como autistas y al final se produce el individualismo colectivo en el que todo se degrada hasta terminar la humanidad sumida en tinieblas y encontrarse totalmente  merced de sus peores enemigos infernales.

 Esa indiferencia a Dios provoca aplastamiento, el alma se desmorona, hunde y pierde en sí misma volviéndose totalmente preocupada por sí, no ve ni le interesa ver mas allá de sí misma.

 Se ahoga en su miseria, se pierde en su fragilidad y para huir del espanto que esto le provoca, recurre a la mentira, forja fantasías, construye la evasión de la realidad, un delirio orgulloso que quiere creer y hacer ver, castillo de mentiras.

 En su abismo de miedo quiere convencerse de que no necesita de nada ni de nadie porque teme ser rechazado, pero a la vez engaña, seduce, manipula y domina o controla a todos en derredor poniéndolos a su disposición para satisfacer el abismo infernal de su ego.

 Considerar que de esto todos tenemos, a nadie le importa ni le interesa verdaderamente Dios y lo que Él quiere, luego, tampoco le importa a nadie nada de nada ni de nadie, todo es dedicación exclusiva a sí mismo como fruto de miedo y debilidad.

 Eso provoca un círculo vicioso que solo engendra mas miedo y debilidad, así la miseria humana va creciendo, la realidad de que el infierno no esta subiendo sino que el mundo esta bajando al desligarse de Dios.

 Debido a la debilidad, miedo, desgano y aplastamiento que genera el alma se vuelve frágil, histérica, sumamente odiosa, se convence de ser diosa alienándose totalmente.

 Cuanto mas débil, frágil y pusilánime se vuelve, mas mentirosa, farsante, chanta y embustera porque en realidad se miente-engaña a sí misma para huir de lo que la atemoriza.

 Falsamente resignada soporta y acepta todo porque se ve inútil e incapaz de modificar algo, se miente-engaña a sí y termina convenciéndose de que lo que padece es lo que quiere mientras que busca evasión en vicios y perversiones haciéndose ahora, servir, etc.

 Es difícil salir de este espíritu inmundo porque genera aplastamiento, debilidad y conformismo, siempre otro es culpable-responsable de lo que padece.

 Solo un sacudón grave, un tropiezo grande, una desgracia devuelve a la persona a la realidad liberándola de este espíritu pegajoso, es una purificación que Dios realiza. Ahí tiene  oportunidad de cambiar, de renunciar a su egolatría y de salir del camino por el que se dirige a la perdición eterna.

 Considerar que la pereza en esencia es indiferencia hacia Dios y su consecuente dedicación miserable a sí mismo, el empeño enfermizo e infernal de buscar satisfacción en reemplazo de Dios, para llenar su vacío.

 Comprendiendo esto, considerar que hay personas que son sumamente perezosas, indiferentes a Dios y dedicadas a sí, pero que en lo externo no aparentan ser perezosas como lo que generalmente se entiende por este vicio, por ello creen que son perfectas.

 Se muestran dinámicas, eficientes, siempre hacen hasta por demás en sus obligaciones, pero esto no es mas que efecto de esa dedicación exclusiva a su ego, fingen atención a otros, pero es parte de su imagen, siempre están hundidas-centradas en sí, su pensamiento se clava en su abismo.

 Se arrastran lamentándose por sí mismas, no dejan de llorar lo que han padecido y por ello es que permanecen fuera de la realidad, su atención real esta en el pasado padecido que no han olvidado y que continúa haciéndoles padecer al mirarlo constantemente, al traerlo al presente.

 Lo siguen padeciendo y esto continúa determinando su comportamiento, están trabadas y buscan constantemente aceptación en reparación al desprecio y rechazo que han padecido.

 No crecen, no maduran, no progresan y es porque no han perdonado, soltado, con miedo continúan dedicándose a buscar satisfacción, reparación, aceptación, adoración, se someten y humillan constantemente y hasta llegan a desarrollar un comportamiento enfermizo como el síndrome de estocolmo cuando se mienten a sí queriendo creer que son libres e independientes porque se atan a quienes demandan aceptación-adoración, un servicio y una pertenencia incondicional.


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