24 junio 2016

CONFÍO, OBEDEZCO, COLABORO Y PERSEVERO



CONFÍO, OBEDEZCO, COLABORO Y PERSEVERO


 El miedo se expresa en la desconfianza y es nuestra falsa libertad.

 Queremos creer que tenemos el control, que tenemos poder sobre nuestra vida.

 Desbecerradamente hacemos lo que queremos, lo que suponemos que debemos y lo que creemos que nos convine.

 Obramos por miedo, construimos la ficción de que tenemos poder.

 Ahí es donde desatamos la rebeldía desesperada, histérica, maniaca, odiosa y perversa permanentemente desafiante.

 Se vuelve orgullo y terminamos encerrados en una fantasía.

 Lo único que tenemos es miedo, lo único que somos es vacío, lo único que podemos sentir es desolación abominable, ausencia de Dios.

 No nos liberamos del miedo, al contrario, estamos conformándolo u otorgándole el poder.

 Estamos permitiendo que el miedo nos domine, controle y disponga, decide lo que hacemos o dejamos de hacer.

 Queremos creer que somos libres, que somos dueños, que controlamos, decidimos y disponemos, pero es todo fantasía, mentira, un autoengaño.

 Estamos encerrándonos, aislándonos y acabamos perdiéndonos en la fantasía que construimos y sostenemos para engañarnos a nosotros mismos.

 Golpe a golpe la realidad demuele esa fantasía, volvemos a la realidad a golpes, de desgracia en desgracia, comienza la desesperación, llega la locura, la obsesión crece, surge la histeria, y terminamos totalmente autodestruidos.

 Se desmorona, cae la mentira, la falsedad, no podemos sostener el engaño no podemos mentirnos mas a nosotros mismos.

 Se vuelve inevitable ver la realidad, contemplar la Verdad, beber la copa de ajenjo, la Verdad es que no tenemos poder, no tenemos control, no tenemos capacidad y no somos dueños de nada, ni de nosotros mismos.

 El Señor nos pide es falsa libertad, nos pide confianza, quiere que lo sigamos-obedezcamos, que confiemos en Él y hasta nos pide que colaboremos.

 Esa colaboración es extrema, no es simple, implica sacrificio, renuncia, real entrega, es en contra de la voluntad propia, nos coloca frente  afrente con el miedo y con el peor miedo de cada uno que es totalmente único y personal.

 Nos pide que colaboremos con Él, en lo que quiere, que le demos libertad, que no hagamos nada fuera de su Voluntad, que aun con dolor colaboremos con su Voluntad y que en el peor infierno sigamos confiando en Él y creyendo en su Amor.

 Nos pide perseverancia en eso, constancia y así nos va conduciendo a vencer el miedo, nos quita la falsa libertad y nos hace a nuevo, nos limpia, purifica, transubstancia.

 Es difícil creer que es por y para Nuestro Verdadero y eterno Bien aquello que nos duele y se prolonga mucho en el tiempo, pasar por el mundo padeciendo como maldito condenado y no teniendo a la vista otra cosa mas que la abominable posibilidad de seguir padeciendo, pero así hay que seguir.

 Y hay que seguir sin mirarse a sí mismo, sin bajar la mirada, sin preocuparse por sí, confiando en El, creyendo en su Amor, colaborando en Que Se Haga-Reine-Triunfe Su Voluntad.

 Así debemos vivir no dedicándonos a nosotros sino a Dios en su Voluntad, confiando, obedeciendo, colaborando y perseverando, si Él Es Libre en nosotros, nosotros somos libres en Él aun cuando en el mundo no nos toque otra cosa mas que padecer.

 Es mas, en el dolor estamos seguras que nuestra vida fue sacrificada como la del Señor y que no la vivimos para nosotros o nuestra comodidad, beneficio o gusto sino solo para servir a Dios verdaderamente.

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