07 mayo 2016

PRIMERO RENDIRSE A ÉL



PRIMERO RENDIRSE A ÉL


 Dios derrama-envía el Espíritu Santo, da su Vida-Bendición-Ser-Esencia y eso entra en nuestra vida.

 Se produce un choque, demuele, destruye, aniquila, el orgullo, nos echa a tierra y hace caer del caballo delirante como a Saulo.

 Vamos orgullosos, evadidos, disociados de la realidad, encerados en la fantasía que deseamos ver-creer y que queremos hacer creer.

 Dios permite el tropiezo, que conozcamos forzosamente nuestros límites, es decir, permite que choquemos contra la Verdad misma que en el fanatismo egolátrico no hemos querido ver-aceptar.

 Hacemos amarga experiencia de nuestros límites, vemos la poca buena voluntad que teneos, casi nula, y la súper abundante mala voluntad de la que disponemos.

 Con esto a cuestas debemos discernir la Verdad, dejar de mentirnos a nosotros mismos y aceptarla. Tenemos que dejar de engañarnos, porque de nada sirve evadirse en fantasías, hay que aceptar la realidad donde la Verdad se expresa y queda demostrada.

 Rindiendo el orgullo, abandonando la fantasía, dejando de evadirse, entramos en la realidad, ahí debemos ser y hacer lo que hemos sido llamados a ser-hacer.

 Esto es posible dejando Ser y Hacer a Dios en nosotros y por medio nuestro en el mundo.

 Hay que abandonar rebeldías, esas abominables dedicaciones miserables a satisfacerse a sí mismo, ese empeño infernal en saciar el ego, la misma esclavitud interior que luego nos arrastra a esclavitudes exteriores mientras nos arrastramos entre quejas y lamentos.

 Forzosamente no podremos dedicarnos a nosotros mismos, no tendremos oportunidad de seguir satisfaciendo el ego, vicios, ambiciones, caprichos, corrupciones, etc., y es ahí donde podremos ver-entender la Verdad, donde podremos liberarnos del camino de perdición.

 Si rendimos el orgullo y aceptamos la Verdad, recibimos a Dios, pasa por nuestra vida purificándonos, transformándonos, transfigurándonos, haciéndonos a nuevo, nos da su misma Vida.

 Lo esencial es eso, dejar de oponerse, abandonar resistencia, no pelear contra Dios, no rechazarlo, buscar su Voluntad y obedecerlo-seguirlo.

 Comprender que Él Es Dios y la Verdad es que Él debe ser primero como es lógico. Es primero cuando lo seguimos-obedecemos renunciando a nosotros mismos.

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