30 mayo 2016

NO SE PUEDE VIVIR SIN ORACIÓN



NO SE PUEDE VIVIR SIN ORACIÓN


 El camino es la oración, no hay otro camino, no hay otra cosa que podamos ni debamos hacer sobre la faz de la tierra que importe mas que esto.

 La oración es lo esencial, lo primero, lo debido, lo que debemos delante de Dios y es lo que necesitamos.

 Hay que orar en todo momento, tenemos que salir de nosotros mismos, lamentarnos, es la manera de elevarse, de ponerse por encima, de abandonar la existencia meramente humana y terrena.

 Es lo que nos eleva volviéndonos realmente espirituales, no hay otro camino, Es El Camino.

 En la oraron nos encontramos con Dios, es un sacrificio, un esfuerzo y es ahí donde recibiremos el pan diario, aquel que no nos será negado por Dios, pero tampoco puede dárnoslo si no lo vamos a buscar.

 Es absolutamente necesario orar, vencerse a sí, es la manera de vencer al cerdo ególatra del ‘yo’ que clama atención, que desea ser atendido, mirado, adorado, escuchado, etc.

 Es mas, si oramos, surge un nuevo ‘yo’, un espíritu-ser nuevo, propio de hijos de Dios.

 Sin oración el alma se consume hastiada y perece entre sufrimientos.

 Orando también debemos aprender a hacerlo por otros y al final, acabar de hacerlo siempre por otros.

 Pero lo esencial es orar para Que Se Haga la Voluntad de Dios, tanto en nuestra vida como en la de otros y en el mundo.

 Incluso y especialmente contra nuestra voluntad, gusto, comodidad, entendimiento, porque todo nuestro ser desconfía y se opone a Dios, lo cuestiona, le reclama y desafía dominado por el miedo, vencido por la debilidad, socavado por el ‘yo’ traidor.

 También hay que orar por los enemigos, y esto es absolutamente repugnante para el alma cuando se halla en sus cabales.

 No hay que orar por los enemigos cuando el alma es dada a la culpa y a esa enfermiza y débil autocompasión infernal porque lo estaría haciendo por autodesprecio e incurriendo en un síndrome de estocolmo que la ligaría a sus opresores esclavizándola inútilmente buscando debe perdonar y liberarse.

 Para discernir bien que y porque, quien y por quien, es necesario orar.

 Nada puede hacerse sin oración.

 No se puede vivir sin oración.

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