04 mayo 2016

HAY QUE VENCERSE A SÍ MISMO



HAY QUE VENCERSE A SÍ MISMO


 Considerar que Él Es Dios y Él Es Primero, primero es lo que Él quiere, no nos va a hacer caso a nosotros.

 Nada que hagamos va a salir, funcionar o resolverse, primero hay que hacer lo que Dios quiere, todo lo demás es secundario.

 Tenemos que dejar de encapricharnos, dejar de renegar, dejar de insistir con lo que queremos.

 Debemos vencer el miedo, abandonar la preocupación inútil por nosotros mismos, tenemos que obedecer a Dios, dejar de querer ser primeros, dejar de querer imponernos a Dios.

 Hay que vencer el miedo, eso es lo que nos envuelve como una mortaja, nos exprime y envía nuestra vida como alimento a los demonios, como sacrificio a la muerte eterna.

 De repente estamos secos, resecos, quebradizo, histéricos, con odio, furia, maldad y deseos de venganza. Esto se debe a que nos hemos consumido, discado, transformado, transfigurado, la muerte eterna nos ha tomado.

 No tenemos amor ni voluntad de amar, solo orgullo y egolatría, odio, furia y maldad, deseos de venganza.

 A cada instante nos convencemos de que es debido lo que queremos, pero no vemos que queremos guiados por el miedo, dominados por la preocupación, sometidos por la debilidad.

 No queremos creer en Dios, no queremos confiar en Él, tenemos miedo, nos vence la debilidad, nos domina el miedo, y queriendo desconfiar, solo encontramos motivos par desconfiar mas a cada instante.

 Quedamos nimbados por las tinieblas, nos revolotean los demonios y no hacemos mas que lo que queremos que es desconfiar de Dios y preocuparnos por nosotros mismos.

 Hay que olvidarse de sí mismo, aceptar lo que nos toca y aprender a sufrir como malditos condenados ofreciendo esto como purificación y para crecimiento, como sacrificio de negación de nosotros mismos.

 Pese a todo debemos seguir adelante confiando en Dios, Él algún día intervendrá y hará justicia, mientras tanto, hay que aprender a perseverar ofreciendo todo en reparación y como sacrificio aprovechándolo para el progreso espiritual.

 Comprender que Dios no nos va a hacer caso a nosotros, nosotros debemos hacerle caso a Él.

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