17 mayo 2016

CONVIENE ACEPTAR LA CRUZ



CONVIENE ACEPTAR LA CRUZ


 Dios nos da la oportunidad de vencernos, negarnos  nosotros mismos y de aceptar la Cruz.

 La Cruz es diferente para todos, es a medida y es el remedio necesario para purgar el orgullo, vencerse a sí, derrotar la voluntad propia.

 Es aquello que nos permite dejar de elegirnos y nos otorga la oportunidad de elegir  Dios.

 Es como un lanzazo al corazón, como El Señor recibió, doloroso, a traición, humillante, sumamente doloroso, lo peor de lo peor.

 Eso tenemos que aceptar, permitir, ahí debemos negarnos, dejar de resistirnos y de oponernos a Su Voluntad, permitir lo que Él permite.

 Es una gran victoria sobre nosotros mismos la que obtenemos, y consecuentemente, sobre todos los enemigos espirituales.

 A la vez, es una gran liberación, espiritual lógicamente, porque ya los enemigos no podrán atormentarnos ni aun queriendo.

 No nos podrán atormentar porque Dios entra, Vive, Pasa, Permanece en nosotros y es su Divina Presencia la que espanta a los enemigos.

 Ahí miramos totalmente a nosotros mismos y ahí es donde Vive El Señor en nosotros, y así es como vuelve al mundo, volviendo en el pequeño mundo de la vida personal de cada uno.

 ¿Podemos negarnos a aceptar la Cruz que nos toca?, sí, hay veces que sí, otras veces es sumamente forzosa y es imposible, solo se puede soportar, aceptar y seguir.

 Cuando hay posibilidad de no aceptarla, dos cosas entre las que se puede elegir, es evidente que también puede rechazarse.

 La verdad es que ahí conviene mas que nunca aceptarla. Incluso debemos tomar en cuenta que no de no hacerlo tendremos cierta libertad, falsa paz, pero será momentánea, luego viene sin dudas algo peor.

 La humillación, desgracia y padecimiento será peor, pero no como castigo, sino como consecuencia, pues cuando se haga justicia, cada uno recibirá lo suyo y la Justicia de Dios implacable, realmente cada uno recibe lo que merece y si hemos rechazado la Cruz, estamos llenos de orgullo y en proporción a éste padeceremos.

 Entonces, si no es por amor, que sea por deber que será mucho mas meritorio, y si no, que sea por razón entendiendo que de otra manera será peor.

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