26 abril 2016

VENCER TENTACIÓN DEL ODIO



VENCER TENTACIÓN DEL ODIO


 Miramos el pasado, lo vemos como presente, nosotros mismos lo traemos al consciente.

 Nos hundimos-perdemos en nosotros mismos, nos ahogamos en un mar de preocupaciones inútiles, nos volvemos inestables, llegamos a ser desgraciados, pero nadie nos ha perjudicado tanto como nosotros mismos.

 Siempre buscamos culpables, responsables, a quienes culpar-acusar-responsabilizar por lo que padecemos, pero nos lo hemos provocado nosotros mismos.

 Nos hundimos-encerramos en nosotros, no hacemos otra cosa mas que pensar en el ‘yo’, nos miramos condena, lástima, compasión enfermiza e infernal volviéndonos pusilánimes.

 Terminamos ahogados en la propia miseria que despreciamos, aborrecemos, repudiamos, aquella por la que nos lamentamos, por la que tememos el odio-desprecio de otros.

 No hacemos mas que pensara en nosotros, nos apartamos de Dios, nos hundimos en el abismos, todo es ‘yo’ y se vuelve obsesión, locura, desesperación, histeria, nos deterioramos, nos autodestruimos y no abandonamos ese camino abominable e infernal egolatría narcisista.

 Debemos levantarnos de la miseria, salir del abismo-sepulcro, vencer el miedo, madurar, dejar de pensar en nosotros, tenemos que entregarnos confiadamente a Dios.

 Nos sobreprotegemos, nos cuidamos-defendemos a nosotros mismos al límite del fanatismo generando miedo, imaginándonos cosas, temiendo y desconfiando de todo y de todos.

 Siempre vemos fantasmas, nos nimban-ahogan los espectros, el propio miedo nos tiene acorralados, atados, encadenados, hundidos y encerrados en nosotros mismos.

Ahí abajo tememos demasiado por nosotros, tanto al punto de enfurecernos y querer imponer la propia voluntad. No morimos a nosotros mismos y no nos liberamos de esa locura autodestruir abominable infernal.

 Lo peor es que seguimos culpando-responsabilizando a otros creyendo que es justo odiarlos.

 Otos pueden perjudicarnos, y mucho, pero la ruina al final es propia cuando respondemos de la misma manera.

 Responder con odio es normal ante el dolor, la humillación, etc., pero es justamente donde debemos crecer, la tentación del odio es la que hay que vencer, no defender el orgullo, no pelear, aceptar una humillación una vez y librar el combate interior para vencerse a sí y liberarse de los enemigos espirituales.

 A veces hay que perder para ganar y perdiendo según el mundo, ganamos al vencernos a nosotros mismos y no convertirnos en orgullosos fanáticos dementes sedientos de venganza.

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